
Me la he pegado.
Cuando ya pensaba que se salía, que era fácil, que ya estaba fuera, me he vuelto a caer, aún con más dolor si cabe. Nunca un suspenso me dolió tanto, nunca sentí tanta desesperanza, ni vi tanta negrura detrás. Porque es la "recompensa" a mis miedos, a mis penas, a las horas de ojos abiertos a la luz del flexo, a cargar los libros por todas partes, al temor... o más bien al pánico a que esto sucediera, a sentirme como me siento ahora. Se está materializando una pesadilla, que se convierte en más espantosa si cabe por preverla.
Ha dolido el golpe, pero más ha dolido por verme caer, por sentirme traicionada por mí misma. No encuentro dónde apoyarme, dónde localizar el punto de inflexión para remontar definitivamente, y cuando creía que estaba comenzando la remontada, un nuevo tropiezo ha hecho que me hunda de nuevo al fondo del pozo, y no sólo tengo que recuperar lo que ya había recuperado antes, sino que ahora estoy mucho más cansada por el esfuerzo y me siento menos capaz para ello. Antes no sabía que me podía tropezar y volver a caer, ahora temo que me vuelva a ocurrir y me hunda nuevamente.
No me gusta nada verme así, me preocupa, se preocupan y desesperan los que están a mi alrededor, dicen que tengo que buscar en mí, que tengo que ser más condescendiente y cambiar algo, no se sabe el qué y no se sabe cómo. Me encuentro perdida, además de desesperanzada y llena de miedos, he perdido la referencia, conozco el destino pero no el camino a seguir, no tengo brújula, ni hoja de ruta, ni nadie puede hacer el camino conmigo.
Estoy sola en lo más oscuro, y no me veo capaz de salir de aquí.
Y no, no soy una asquerosa repelente que lloriquea por un suspenso, sino por no poner cierre, por no poderme despedir de este martirio que ha supuesto varios años de mi vida queriendo dejarlo, queriendo parar de hacer algo que no me gusta, pensando que al final me va a venir bien, buscando, en definitiva, un motivo cuando todo te falla para seguir adelante. Un "ss" en la otra me habría dado más igual, si lo pienso detenidamente, no me pesa tanto, pero quiero abandonar ya el barco, y los motivos de peso me siguen reteniendo en él. Es una carrera que me ha dado pocas satisfacciones más allá de las puramente amistosas, por haber tenido de compañeros a aquellos que son grandes, con los que me he sentido tan bien. Esos, justamente, a quienes he tenido que dejar en el camino, porque al final, la vida parece que nos va llevando por Dios sabe qué senderos a cada cual.
Y es un todo inseparable, frustración, orgullo herido, querer abandonar y no poder, desaliento por no sentir recompensa, abandono de Madrid, abandono de mis amigos, futuro incierto aquí, planteamiento poco o nada alentador de los meses de verano, sentimiento de soledad, miedo a estar más sola aún. Terror por sentir perdida mi antaño envidiable independencia, emocional, temporal, sentimental, que nunca económica. Parece que al buscar la económica voy camino de sacrificar las demás. Y no, no merece la pena, pero ¿hay algún remedio? Hay momentos en la vida que no son caminos de rosas, sino más bien de ortigas, pero es lo que toca en el camino.
No me gusto, no me encuentro cómoda en esta posición, y sin embargo la sensación de abandono propio y ajeno me hace el hueco cada vez más grande, como pidiéndome que me instale en un sitio donde no quiero estar, sin tener otro lugar donde recolocarme y sin saber cómo hacer para abandonar este lugar. Todo lo veo negro, veo un muro ante mí que se vuelca cada vez más, hasta que llegue a aprisionarme y me quede definitivamente atrapada para siempre ¿Cómo se sale de una habitación cerrada, a oscuras, sin puertas ni ventanas?